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BITÁCORA DE VIAJE - PARADA ROBLES - DÍA 145
Jueves, 20 Agosto 2026 09:34

BITÁCORA DE VIAJE - PARADA ROBLES - DÍA 145

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Ayer, o antes de ayer, me olvidé de escribir. Mis manos no lograban obedecer a mi mente y mis acciones eran tan burdas que terminé el día dibujando en la tierra.

Los garabatos eran círculos sobre círculos que borraba al terminar con palitos de rama seca... En mi bolsillo tengo bolitas de paraíso y una gomera de mango de fierro... Tracé un camino que no tiene fin con ladrillos de canto... Atado de un mástil, sábanas que flamean como banderas... La peste no tomará por sorpresa mi memoria, aunque sé que en algún lugar se me pegó...

"Crear un vacío lleno de memoria, en un espacio lleno de espacios vacíos, reposar allí toda la memoria del olvido, toda construcción del pasado. Hacer un ejercicio de palabras y destruir el sonido pleno. Crear la memoria y la fuerza bruta de la nostalgia, dimensionar la pausa y solo mirar al cielo.

Redundando lo áspero del sueño
Sacrificando las manos
Creer en todo y en nada
El vacío como el abismo
Cayendo sin esperar el fin
De la sombra nace el cuerpo
De lo oscuro la voz
Vacío silencioso
Huérfano
Harto
Sin formas
Ni paredes
Vacío como una boca
Que devora y se pierde
Vacío como quien quiere perderse
Como el sonido hueco
Reposa
Del siglo."

Esto último lo escribí entre sueños, que es allí donde estoy más despierto...

El circo volvió una mañana de septiembre. Apareció así, de golpe, sin preámbulo.
La carpa se montó más lejos porque el baldío de Justino ya era una casa.
Los circenses eran los mismos, un poco más viejos.
Habían venido desde Entre Ríos.
Como siempre, a eso de las siete de la tarde se escuchaba la canción que hablaba "del payaso que se iba del circo", y se olía el olor a chorizos asados.
La gente se acercaba de a poco a comprar la entrada que vendía el mismo trapecista, que a su vez vendía los pochoclos y cortaba la entrada antes del show.
La función era normal: un mago, los trapecios y, lo más divertido, el payaso.
La noche se prestaba para la función, hacía calor, y las ventas de bebidas, choripanes y golosinas crecían al minuto.
El dueño del circo, don Agousto, caminaba ansioso detrás de escena...

Una noche normal, pero parecería que Robles es y será un pueblo donde la monotonía no existe.
El mago entretenía a la gente con sus trucos de palomas y cartas.
Pero ese día el mago tenía una sorpresa que nadie sabía, había preparado un truco especial.
En un momento de su show llamó a alguien del público para demostrar un acto de hipnosis, y quien fue elegida fue la Patricia Kelete, una joven de pelo colorado cortado a la taza, con cara de pocos amigos.
No quiso subir, pero la gente gritaba y no tuvo opción.
Vestía una pollera tableada a cuadros y una vincha blanca.
El mago le hizo chistes, pero ella, inmutable.
Ante esta seriedad y por temor a que se le vaya de las manos el truco, sacó de su bolsillo un péndulo brilloso y lo puso frente a los ojos de la Patricia Kelete y comenzó a hipnotizarla.
En tres minutos tenía el dominio de la participante y del público. La Patricia Kelete cantó, bailó y hasta subió al trapecio. El público aplaudía y muchos reían al ver a la Patricia Kelete en ese rol.
En el final del acto el mago cometió un error (o no): le dijo a la hipnotizada que se transforme en una bestia... y no supo sacarla del trance. Por un momento la gente se quedó muda.
Pero al ver que la Patricia Kelete no volvía en sí, brameaba y salivaba, sus ojos se habían puesto rojos, saltaba de lado a lado, rompiendo todo.
La gente se fue retirando muy despacio y con miedo a ser atacada por la bestia, que para entonces luchaba entre los brazos fuertes de la gente del circo. Cuando lograron reducirla la metieron en una jaula y la taparon con una lona.
El dueño del circo estaba desesperado, no sabía qué hacer y culpaba al mago por tamaña negligencia.
Todo el pueblo quería prender fuego al circo y a la bestia (porque el miedo es así, ciego).
Afuera el comisario contenía a la muchedumbre con el rebenque, adentro los circenses se debatían qué hacer.
A eso de las tres de la mañana todos se fueron a dormir, sin antes poner cadenas y candado a la jaula donde estaba la bestia.
Esa noche, para colmo, se desató la Santa Rosa que venía atrasada y vino con tormenta eléctrica.
Todo se voló en Robles, el circo fue lo primero y por la mañana juntaban escombros.
Pero a pesar de la desgracia, la gente se preguntaba por la jaula y la bestia.
Todos fueron a ver qué había sucedido, la jaula permanecía tapada, y muchos suspiraron.
El dueño del circo, don Agousto, destapó la jaula con un palo y para sorpresa de todos estaba vacía.
La gente quedó atónita y cabizbaja.
El circo se fue y todos se preguntaban por la Patricia Kelete, algunos decían que había sido una treta con el mago para irse juntos, ya que la Patricia Kelete era casada con el Pirolo.
Los días pasaban ya sin preguntas en el pueblo.
Así pasaron dos cuaresmas. Un día de agosto, el pueblo amaneció alborotado, en el campo de Esteban habían aparecido dos terneras muertas. Solo el corazón les faltaba.
—Cuatrerismo— dijeron el comisario y sus allegados.
Se montó guardia día y noche en los campos con ganado.
Pero la primera guardia arrojó el misterio.
Según el Anselmo, vio a una bestia subida a un árbol que comía un corazón de vaca, que cuando le gritó saltó sobre él arañando su cara. La siguiente noche le pasó lo mismo al Borja.
Ya el comisario no tenía guardia para mandar, una por miedo y otra por falta de personal.
La cuestión es que los mismos estancieros decidieron formar su propia custodia asesorados por el comisario.
Había patrullaje a pie y a caballo de norte a sur.
La luna de Robles iluminaba todo, hasta las sombras.
A eso de las dos de la mañana la bestia atacó las vacas del Rosendo, que alcanzó a disparar con su carabina al aire para alertar a los otros, sin resultado.
Por la mañana ya el pueblo era un hervidero, todos estaban aterrados por la presencia de la bestia merodeando...
Los más chicos cantaban en sus rondas: "Patricia Kelete, te come el corazón, corre muy fuerte, escondete en el galpón".
El pueblo se dormía temprano, en decir, se encerraba en sus casas, atrancando puertas y colgando crucifijos en las entradas.
Los estancieros hicieron corrales cerca de las casonas, para poder cuidar el ganado desde las ventanas.
La vida del pueblo cambió.
La bestia (ahora llamada "Kelete") aparecía de golpe y huía entre el monte.
El Pirolo fue quien pidió permiso ante las autoridades del pueblo y también ante una carta a su santidad, para ir a la caza de la "Kelete".
El fundamento del Pirolo era que esa bestia era o había sido su esposa ante Dios, y él debería hacerse cargo del mal que hacía al pueblo.
Así fue que ante escribano se firmó el acta en la parroquia, ante la mirada del cura.
Con el papel en mano, una botella de agua bendita, la escopeta con bala de plata y un corazón de vaca como señuelo, enfiló hacia el monte de eucalipto.
En las casas se prendieron velas en honor al héroe.
La luna estaba roja, como prediciendo el desenlace.
El Pirolo apoyó contra el árbol la escopeta, puso sobre una cobija el corazón de vaca y esperó silbando.
Después de la medianoche empezó a soplar viento.
El Pirolo, entre sueños, vio una sombra que se acercaba agazapada y cargó la escopeta.
Un sudor recorrió su espalda.
Solo hubo un disparo.
A lo lejos el pueblo, como sabiendo el final, caminaba con antorchas hacia el monte.
Al llegar, encontraron al Pirolo sonriendo. Solo dijo: "No puedo matar a quien amo". Y se fue.
Desde esa noche la bestia no atacó más. Merodeaba los campos, y para no enfurecerla la gente empezó a silbar.
Así se acostumbró el pueblo a vencer los miedos: "Si tenés miedo en la oscuridad, o el camino es largo, silbando se alivia todo", era voz populi el consejo y se ponía en práctica.
Dicen que el Pirolo encarga una vez por semana corazón de vaca al carnicero, muchos dicen que convive con la bestia, pero nadie se anima a preguntar.
No sé si es verdad este relato, no sé si me lo contaron o lo vi.
La memoria me viene fallando, y hay días que no soy yo.
Ahora llueve, como tantas veces, como una repetición.
Bajo el techo, con frío.
Día 145... el amor ha hecho estragos esta noche...

*Héctor Acevedo (@ebriosaleelsol)