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Cuentos con Mora y Leja - Cap IX: El amor por la tierra de los padres
Domingo, 27 Septiembre 2026 13:23

Cuentos con Mora y Leja - Cap IX: El amor por la tierra de los padres

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La llegada del sábado era particularmente alegre, y mas aún, si contábamos con la visita de Miriam, nuestra abuela de "la capital".
Tal cual lo prometía en nuestra comunicación semanal, ella venía a visitarnos cada vez que lograba llenar de caramelos, a esa simpática lata en la cual había pintado un inolvidable titulo: "caramelos para mis traviesos nietos".
Con Mora disfrutábamos un montón en cada una de sus visitas, oportunidades en las cuales siempre le preguntábamos algo más, sobre la aventurado vida de nuestro abuelo Juan.

En esta oportunidad, mientras tomábamos un jugo exprimido de naranja en La Fusta, volvimos a preguntarle sobre un aspecto muy particular sobre la vida del abuelo.
¡Que paciencia y que ternura la de nuestra abuela!
Particularmente, si se trataba del abuelo, ella siempre respondía a nuestras preguntas con visible pasión.

¿Abuela, nos contás sobre la parte del abuelo, cuando fue soldado?

Si Leja, se los contaré, aunque creo que ya lo hice varias veces, dijo sonriendo. Pero no me cuesta nada repetir esa emocionante historia.
Su abuelo, mi querido y extrañado esposo, fue militar. El perteneció al Ejercito Argentino, y como Sargento ayudante de Artilleria, le toco combatir en la recuperación de nuestras Islas Malvinas. Su abuelo combatió valientemente hasta que sus cañones se quedaron sin municion...lo cual sucedió pocas horas antes de la finalizacion del combate.
No se si Uds. sabrán mucho sobre nuestras Malvinas, sobre la historia de la usurpación Inglesa en enero de 1833, y los 193 años de reclamos formales no escuchados por el intruso ocupante.

Lo mas importante que el abuelo me pidió que les transmitiera, es que el peleó por amor a su tierra y no por odio a su oponente. Su abuelo siempre estuvo convencido sobre la necesidad de recuperar la Islas, antes que el paso del tiempo quitara legalidad y vigencia a nuestro permanente reclamo.
El abuelo fue allá con gusto, con entusiasmo y espíritu de generosa entrega.
Ustedes saben que el abuelo de él, era español, un gallego de ley, y como fue de España que heredamos estas queridas islas, el siempre las considero tierra de sus padres y sus abuelos, esa tierra que guarda lo que más queremos. La tierra que es parte de la República que nos vio nacer. La tierra que abraza nuestras costumbres e historia. La tierra que Dios nos dio. La tierra que se abraza a nuesta bandera, a nuestro idioma, a nuestra música. La tierra que nos vio nacer y nos verá partir.
Su abuelo no odio...su abuelo amó a esta tierra, la tierra en la cual nacieron sus hijos y nietos. La tierra en la cual descansa hoy tranquilo, con la seguridad de haber llegado a contagiarlos con su profundo amor.

El jugo se terminó...los tres quedamos en silencio...pensando. La abuela se llevó una lágrima escondida en su pañuelo, y mi hermanita querida, se trago la suya... literalmente!

Siempre adore su sensibilidad.

Mi hermanita era una niña sensible y fuerte...yo sabía que cuando fuera grande se convertiría en esa mujer compuesta por lo mejor de mamá y mis dos abuelas.

El abuelo dejó escrito en un liblo: sin mi tierra no hay arraigo, no hay ancla, no hay cimientos. Sin él amor a la tierra de nuestros padres no habrá brújula ni destino!

Fabián E. Sotelo